Inmogalia Digital 2020

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A diferencia de lo que ha ocurrido con otros sectores, el inmobiliario consiguió resistir el primer golpe de la pandemia. Aunque en los meses del confinamiento la actividad se redujo casi a cero, la  demanda embalsada provocó un repunte de operaciones durante el verano. Así lo explicó Álvaro Rodríguez, socio director de Engel & Völkers en A Coruña, en la mesa sobre Nuevas formas de comercialización en la promoción inmobiliaria celebrada en el marco de la feria virtual Inmogalia. Un rebote de la actividad que también han notado los promotores: «Las empresas asociadas nos han dicho que están sorprendidos del ritmo de ventas. No solo no se han caído las preventas que teníamos, sino que en julio y agosto hemos vendido mejor que en los mismos meses del año  pasado», relató Juan José Yáñez, secretario general de la Asociación Provincial de Promotores de A Coruña (Aproinco). A juicio de ambos expertos, los cerca de tres meses de confinamiento  domiciliario en primavera supusieron tanto un revulsivo para el mercado, al constatar las carencias de la vivienda propia (falta de espacio, deficiente aislamiento…), como un catalizador de nuevas
necesidades. «Se multiplicó por cinco la demanda de chalés, pero también se busca luz, más espacio o terrazas», expuso Rodríguez. También los arquitectos han notado este bum de la actividad, como expuso Adrián Martín, de Aestudio. En su sector, dijo, hay dos nichos de negocio principales: «El cliente que se ha comprado una parcela para construir y cambiar la vida urbana por otra suburbana, y luego encargos de gente que adquiere una vivienda para reformar o de comunidades que se han dado cuenta del estado del edificio y deciden invertir en mejorar la eficiencia  energética o la habitabilidad». En cuanto a las condiciones de compra, la abogada Celeste Carreira defendió que cuando se acomete una inversión tan relevante como la de una vivienda es más que aconsejable buscar el asesoramiento independiente de un abogado, «que se va a cerciorar de que se cumple la ley, minimizando el riesgo». Un riesgo que, terció Yáñez, es prácticamente inexistente cuando la vivienda se adquiere a una «promotora solvente, con antigüedad y vocación de permanencia», por los condicionantes legales que pesan sobre ellas: «Que nadie compre una vivienda nueva sin pedirle a la empresa que le entregue un aval de todas las cantidades entregadas a cuenta». Falta de oferta En cuanto a la evolución de los precios en la pandemia, los expertos explicaron que la falta de suelo, especialmente en ciudades compactas como A Coruña, dificulta la promoción de obra nueva y hace que «los precios no fluctúen tanto », como apuntó Rodríguez. Mientras, tanto Yáñez como Martín abordaron la problemática de la disparidad en la aplicación de normas urbanísticas, que dificulta por ejemplo la construcción de terrazas, elementos ahora tan demandados por los compradores de vivienda. En lo relativo a la rehabilitación, los participantes en la mesa expusieron el «exceso de celo» en la protección de elementos catalogados y abrieron
el debate sobre la necesidad de apostar también por la renovación urbana, permitiendo el derribo de zonas deterioradas de las ciudades para su reurbanización, mejorando los equipamientos urbanos y adaptándolas a las nuevas corrientes urbanísticas: «Si un edificio era malo hace cien años, cien años después es un desastre», zanjó Yáñez.

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